La pistola de agua fue un regalo de mi padre. Una tarde apareció en casa con el arma de juguete y comenzó a dispararla contra mí, mientras me perseguía frenéticamente por todas partes. Era verano y hacía muchísimo calor. Recuerdo el contacto de la piel con el agua como una experiencia incomparable. Recuerdo también haber aprendido inmediatamente a apretar el gatillo con el mismo pícaro apasionamiento de mi padre. Pero, desafortunadamente, también tuvieron un fuerte componente pasional los puñetazos y patadas que me propinó, sólo unos días después, la primera de mis víctimas, después de ser sorprendida por un chorro abundante de agua en la nuca.
“No vuelvas a mojarme nunca más con eso, idiota”, me espetó con una sonrisa burlesca después de la gran paliza. Me dolía todo el cuerpo. Entendí entonces por qué las malas lenguas infantiles llamaban a aquella chica la Mole, pero no podía consentir que hubiera llamado despectivamente eso al regalo de mi padre. Así que me recompuse como pude, haciendo acopio de fuerzas y salí en defensa de la pistola ultrajada. Estiré los brazos hacia delante y aferré las manos al arma, apuntando la cabeza de la Mole.
Shhhhhsssssss, un nuevo chorro de agua se abrió camino en el aire hasta llegar a ella, pero esta vez no a su cogote, sino a su cara, que se contrajo en un gesto hostil.
La Mole enseguida reaccionó: ¡Paf! Después del contacto certero de su puño derecho contra mi ojo izquierdo, me desploqué en el suelo. A mi lado, yacía mi pistola de agua. Me sentía vencida, física y moralmente, pero acompañada.
Hoy miro la pistola, como se miran, con el tiempo, los juguetes de la infancia, con ojos sentimentales. Y me resulta entrañable escuchar su lenguaje susurrante de agua pacífica. Es curioso cómo los años y la experiencia han hecho que pueda observar aquel suceso con otros ojos. Ahora estoy convencida de que aquel día gané aquella pelea justo en el preciso instante en el que pensé que la había perdido.

"Lenguaje susurrante de agua pacífica", m'encanten aquestes paraules del teu text!!! Jo era més aviat d'espases, les del meu germà, i dels clicks de Playmobil de l'oest i de la granja...
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